El grupo gastronómico peruano Capriccio consolidó su transformación empresarial tras superar la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, alcanzando actualmente 46 locales en el país y posicionándose como una plataforma multimarcas dentro del sector gastronómico. La empresa es liderada por Alberto Muñoz-Najar Luque, gerente general de Capriccio SAC, quien asumió la dirección del negocio familiar en el momento más crítico para la industria.
El emprendimiento fue fundado en 1992 por la madre del empresario como una pastelería familiar. Sin embargo, en 2020, durante la pandemia, la compañía pasó de operar 20 locales a solo tres puntos de venta activos. Frente a ese escenario adverso, la nueva gestión apostó por la inversión estratégica, la digitalización y la reorganización del modelo operativo.
La decisión central fue profesionalizar la empresa gastronómica. Se fortaleció el sistema de delivery, se reabrieron locales rentables y se cerraron aquellos sin proyección. Paralelamente, se inició un proceso de adquisición y desarrollo de nuevas marcas gastronómicas, lo que permitió ampliar la oferta comercial y diversificar riesgos dentro del negocio.
Como resultado de esta evolución nació Capri Partners, el holding que hoy agrupa diez marcas gastronómicas. Según explicó Muñoz-Najar, la pandemia obligó a replantear la identidad empresarial y comprender que Capriccio ya no era solo una pastelería, sino una plataforma gastronómica orientada al crecimiento sostenible y escalable.
El modelo de expansión se basa en tres criterios clave: marcas con potencial de crecimiento, capacidad de expansión en provincias y generación de impacto social. Un ejemplo es la marca La Crocante, adquirida en Lima y posteriormente expandida hacia Arequipa, reforzando la estrategia de descentralización del sector gastronómico peruano.

Actualmente, el grupo tiene presencia en más de diez provincias del país, priorizando el desarrollo regional. Inicialmente se apostó por franquicias con operadores profesionales; sin embargo, la estrategia futura contempla mayor operación directa para asegurar estándares de calidad y consolidar la marca fuera de Lima.
Uno de los cambios estructurales más relevantes fue la incorporación de un directorio con miembros independientes y ejecutivos externos a la familia fundadora. Esta decisión permitió fortalecer la gobernanza corporativa, reducir riesgos operativos y profesionalizar la toma de decisiones, un paso poco común en empresas familiares del rubro gastronómico.
El enfoque empresarial también incluye políticas laborales diferenciadas. El 70% de los colaboradores y el 75% de la alta dirección son mujeres, lo que responde a una estrategia institucional orientada a cerrar brechas laborales en la industria. Además, la compañía logró reducir la rotación laboral a menos del 4%, indicador atípico dentro del sector gastronómico.
La visión del negocio incorpora además el concepto de empresa con propósito. Influenciado por su experiencia profesional junto al economista y Nobel de la Paz Muhammad Yunus, el gerente general afirma que cada apertura busca generar empleo digno, activar cadenas de proveedores locales y crear oportunidades económicas en provincias.
De cara al 2026, Capriccio proyecta un crecimiento cercano al 10%, impulsado principalmente por nuevas aperturas en el mercado nacional. Tras vender su operación en Chile para concentrarse en el Perú, el grupo gastronómico apunta a consolidarse como un actor regional, manteniendo como eje central el fortalecimiento del emprendimiento familiar profesionalizado y la expansión sostenible del sector gastronómico peruano.




